LA GENERACION  SOR MILAGROSA

Un viaje a los recuerdos.

 

 

            

 

 

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Llegó el día esperado.Después de unos largos preparativos (gracias Yolanda, Inés, Begoña...) y una víspera donde los nervios apenas nos dejaron dormir la noche anterior, un grupo de amigos y amigas nos disponíamos a empezar un viaje de algo más de tres horas para salvar la distancia que hay entre Bilbao y el precioso pueblo de Medina de Rioseco.Todos teníamos en común una ilusión, pasar un día  con Sor Milagrosa a la que muchos de nosotros hace que no veíamos la friolera de 30 años.¡Casi nada!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Decir el nombre de  Sor Milagrosa es suscitar todo un cúmulo de emocionados recuerdos para muchas generaciones de arboledanos, para muchos  profesora y maestra que les iniciaron en sus primeros pasos en Matemáticas o Historia, para otros animadora de múltiples actividades de tiempo libre como las colonias o grupos musicales como la tuna o los coros de la Parroquia y para todos una persona excepcional que supo ganarse el cariño de todos los arboledanos por su sencillez y humanidad, por su cercanía y el cariño que nos demostraba en su hacer diario.

 

 

 

  

Como me recordaba una gran amiga...” muchas veces, cuando llegábamos calados hasta los huesos después de una larga caminata para llegar al Colegio de La Arboleda, nos quitaba la ropa mojada y nos ponía su sobre hábito para secarnos y hacernos volver a entrar en calor”

  

Era un tiempo en blanco y negro, la televisión solo existía en dos o tres casas del pueblo. Pero éramos felices, no teníamos casi nada y sin embargo lo teníamos todo, sobre todo teníamos la alegría y la fuerza que aporta la juventud, sin saberlo empezábamos a creer en unos valores que aún hoy nos acompañan y que de alguna forma Sor Milagrosa y todos los profesores que entonces tuvimos son un poco sus artífices junto a nuestros padres.

 

El viaje continuaba, entre cantares que nos devolvían a nuestra temprana juventud y animadas conversaciones, el interior del autobús era una algarabía que nos hacía pensar en aquellas excursiones adolescentes de fin de curso. Nos preguntábamos durante el viaje... ¿nos reconocerá, se acordará de nosotros... y nosotros, la reconoceremos?Tras unos primeros momentos de la vacilante memoria, vaya que sí se acordaba de nosotros y de nuestros padres, familiares y amigos que no pudieron ir con sus nombres incluidos.

 

Poco después del mediodía la Tierra de campos lucía una brillantez espléndida de un precioso día primaveral de Mayo, el viaje en el tiempo también había terminado. Al final, el encuentro emotivo y la sensación de que a pesar del tiempo transcurrido, aquella Persona que tanto cariño y amistad nos dió un día ya muy lejano en nuestra niñez y juventud seguía siendo la misma, cercana, alegre, vital y risueña.

 

 

 

Primero la visita al Colegio en cuyas aulas seguía trabajando con la misma ilusión que en la Arboleda, manchándose de la blanca tiza para seguir con su vocación docente haciendo lo mismo que hace tantos años hizo con todos nosotros.

Paseamos por el pueblo donde fuimos testigos del cariño que la gente sentía por ella, también allí era feliz como lo fue en su querida y añorada Arboleda.

 

 

Visitamos el canal de Castilla y enseguida llegó el momento de la comida. Extraordinaria y emotiva, el lugar... perfecto, el ambiente como el de una celebración familiar donde reinaba la alegría. Sólidas sillas, potentes viandas castellanas y hasta una reluciente armadura que parecía moverse a veces!!! acompañaban nuestros cantares y nuestra satisfacción al sentirnos los mismos de siempre.Como bien decía mi buena amiga y compañera comensal ¡ que a gusto estoy rodeada de tan buena gente!

Por la tarde, visita a la capilla de los Benavente( la capilla Sixtina de Castilla)  y la Iglesia de Santiago. Todo fue tan rápido  como el soplo de la vida misma y llegó la hora del adiós, del hasta luego. Muchos compraban los afamados dulces del lugar, pero todos nos trajimos  la dulce experiencia irrepetible de un reencuentro de los que nuestra memoria siempre conservará. Hasta siempre, Sor Milagrosa, sabes que siempre te llevamos en nuestros corazones.

Así lo vivimos un pequeño grupo de arboledanos que a buen seguro representábamos a muchos más.